Ilusión, entusiasmo, nerviosismo, angustia, incertidumbre, felicidad, perfeccionismo, responsabilidad y trabajo en equipo son las palabras que describen los sentimientos vividos por los alumnos y alumnas de tercero de Grado en Gestión Hotelera y Turística el pasado viernes 15 de Marzo, dado a la celebración de la tradicional cena de padres y entrega de orlas. 

Somos Juliana Gutiérrez de Piñeres, delegada y responsable de cocina, y Violeta de Pablo, subdelegada y responsable de sala, de la clase. Fue un gran reto la organización de esta cena ya que todas las tareas corrieron a cargo de nosotros; desde la elección del menú, pasando por la predisposición y montaje de tres salones diferentes, preparación de horarios y tareas del personal, negociación con los proveedores y decoración de los espacios; hasta la creación de minutas e invitaciones. Tanto a nivel personal como profesional ha significado un gran enriquecimiento de nuestros conocimientos como futuros directivos de la hotelería. 

Han sido tres semanas duras, de preparaciones, reuniones de grupo donde era difícil ponernos de acuerdo en algo, viajes de un lado a otro comprando los últimos detalles, noches de sueño interrumpido por los nervios y el estrés de la situación y tardes enteras en la escuela haciendo pruebas de los platos…Pero sin duda, todo mereció la pena. Las familias, profesores, equipo directivo y alumnos quedaron encantados y no perdieron la ilusión en toda la velada. Era maravilloso ver las caras de asombro ante cada plato, la sonrisa al probarlo y el sentimiento de incertidumbre esperando el siguiente. 

La sala y la cocina desde las 9 de la mañana se pusieron en marcha, cada estudiante tenía sus tareas asignadas y se ceñían a realizarlas de la mejor manera posible. En la cocina las guarniciones, los aperitivos, los crujientes decorativos, las salsas de cada plato, la limpieza del bacalao o la puesta a punto de los solomillos, fueron las funciones destacadas. Era increíble entrar en la pastelería y poder observar una gran cadena de cocineros colocando minuciosamente el crujiente de piña en uno de los postres.

En la sala un ambiente minimalista teñía los salones, flores silvestres y arena de playa eran los protagonistas. Un gran centro de flores blancas, naranjas y violetas daba la bienvenida a los invitados con una copa de vino o cava y una tostada de pan con tomate y jamón ibérico 5J´s. A juego, el gran salón que quedaba protagonizado por tulipanes violetas sumergidos en agua e iluminados con una gran luz blanca desde la base del jarrón. La limpieza de los manteles, su planchado, la colocación de los aceites y sales en cada mesa, la preparación de la barra de bebidas y disposición del escenario eran otras de las funciones de los colaboradores de la sala.

No podemos despedirnos sin agradecer también el apoyo de nuestros compañeros de primero y segundo, que en calidad de camareros y cocineros, y de manera voluntaria, quisieron echarnos un cable para que todo fuera perfecto desde las 7 de la mañana, no hubiera sido posible sin ellos y sin su colaboración también en las recaudaciones realizadas durante este curso. Mandamos un saludo enorme y cercano a nuestra segunda familia, nuestra clase, que nunca perdieron la ilusión y las ganas de trabajar en un proyecto tan enriquecedor, y gracias a nuestra unión salió “a pedir de boca”. Sólo esperamos no separarnos nunca y poder seguir creciendo junto a vosotros. GRACIAS. 

 

JULIANA GUTIÉRREZ DE PIÑERES y VIOLETA DE PABLO MARTÍN.

 

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