Hamburguesa especialidad de La Royale

Empeñados en dignificar la cocina popular, los chefs han convertido las tapas,  las pizzas o los platos tradicionales en bocados exquisitos. Ahora, en busca de nuevos retos, han decidido transformar el icono de la comida rápida, las tantas veces maltratada hamburguesa en un producto para gourmets.

Algunos la han incorporado en sus propias cartas o la sirven en las barras de sus modernos bares de tapas. Otros se han animado a asesorar o a abrir nuevas hamburgueserías, en las que los clientes hacen cola. Es la fiebre de la hamburguesa de lujo, una de las tendencias que gana terreno entre la variadísima oferta culinaria de Barcelona y que ha creado una clientela cada vez más experta y exigente. Los mismos chefs que en los congresos comparten los detalles sobre las últimas elaboraciones de sus restaurantes gastronómicos, recuperan el antiguo secretismo de la cocinas cuando se les pregunta la fórmula mágica de la superhamburguesa. Cada una con su toque especial, todas cumplen los requisitos básicos: nada de carnes de dudosa procedencia, de excesos de grasas, de texturas gomosas. Se acabaron la carne carbonizada, las hojas de lechuga mustias o el pan incomestible.

Los cocineros y sus amigos empresarios han comprobado en sus múltiples viajes el éxito de los templos neoyorkinos de la hamburguesa. Si su colega, el triestrellado Daniel Boulud, las vende como rosquillas en un pequeño local llamado DBGB, si las de Shake Shack, en Madison Square, las del Burger Joint de Parker Meridien o las del Paul’s Place de St.Marks Place triunfan, por qué no trasladar la exitosa fórmula a Barcelona, donde la gente quiere seguir saliendo a cenar, pasarlo bien pero no puede permitirse frecuentar los restaurantes gastronómicos tan a menudo como quisieran.

Hay locales de hamburguesas selectas ya emblemáticos como el OK de Sarrià, o el Flash Flash en Sant Gervasi, que llevan ya dos décadas de exitosa trayectoria. Ahora ya se suman otros nuevos en la Ciudad Condal, como El Filete Ruso, La Burg, La Royale, Fastvínic, El Sagàs, y el recientemente inaugurado por Xavier Pellicer y su socio, el también cocinero, Alain Guiard, La Santa Burg, en el número 51 de la calle Vallespir.

Texto extraído de La Vanguardia, sábado 12 de noviembre 2011.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *