Cuando ha ido al campo, sobre todo después de la lluvia. ¿Se ha detenido a oler el musgo para poder recordarlo después con exactitud? Cuando pela una manzana, ¿a qué huele exactamente la piel que le ha quitado? ¿Ha hundido su nariz por un momento, ha aspirado su fragancia para así grabarla en su memoria?

Joffre Tarrida, nueva Nariz de Oro 2013, hace esas preguntas y afirma que su talento para distinguir vinos no es tal, sino que radica en el ejercicio diario de oler como disciplina, como búsqueda permanente de detalles y de matices.

71 sumilleres de toda España participarón en los premios Nariz de Oro, organizados por la revista Vino y gastronomía, y el sábado, tras dos días de pruebas, solo cinco de los llegaron a la última prueba. Esta consistía en detereminar cinco copas de cristal negro, en la que se ocultaban un champán, un vino griego de resina que resultó muy complicado para los finalistas, un tinto, un palo cortado y un calvados, donde no había directrices ni la posibilidad de cata.

“Tenía seis minutos para adivinar. Había gente muy válida, así que me puse muy nervioso cuando oí que era el primer finalista. Intenté concentrarme en las copas y olvidarme de la gente de alrededor”, cuenta Tarrida.

Estudió electrónica, pero después decidió volcarse en el negocio que su familia desde 1924 en El Prat de Llobregat. “He crecido entre botas y vinos y aprendí a acompañar a mi padre a las bodegas, de oler y de escuchar”. Realizó cursos de cata y de enología y para formarse como sumiller, además de un master de viticultura. Cuando comenzó en la profesión, asegura, pensaba que se iba a comer “el mundo del vino”.

Ahora, con 40 años, piensa que es al revés. “Él me come a mí”. Lo comenta por la cantidad de cosas que continúa aprendiendo y por la gente que encuentra por el camino y que sabe más que él. Incluye su hermana, 13 meses más pequeña, a la que considera su gran competidora. “En casa organizamos concursos, nos hacemos trampas para ponernos a prueba. Y empleamos copas negras”.

Cuando se le pregunta por su vino favorito, Joffre Tarrida no puede elegir un vino que le guste más que los otros. “Depende del momento, del humor, de con qué se acompañe…” Lo que les condiciona el sabor es la tierra en la que se nutre la cepa. Por eso, Tarrida defiende “una agricultura sana” libre de los pesticidas “que han maltratado la tierra”.

Fuente: El país.es

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