Informa la revista Hosteltur, en un amplio reportaje del mes de Octubre, sobre el nuevo producto estrella que se trae entre manos el mercado del turismo y la hostelería: el Adults Only.  Muy fácil adivinar en qué consiste: se trata de una oferta vacacional que excluye a los usuarios menores de 16 años. O sea, una especie de reacción o producto – contrapartida al conocido reclamo “Niños gratis” que, de la misma manera que invita a familias enteras a disfrutar de hoteles y cruceros a precios asequibles, puede poner los pelos de punta a otros sectores de público con intereses muy distintos, como singles, parejas sin hijos o, simplemente, a aquéllos que desean disfrutar de las vacaciones tranquilamente, en solitario, o sin menores a su alrededor.

Este tipo de producto empezó a ofrecerse en los resorts más exclusivos de la industria hotelera del Caribe en los años 70 y, posteriormente, se fue extendiendo poco a poco a hoteles, SpAs y balnearios de todo el mundo. Lo llamativo es que, en los últimos tiempos, está experimentando un notable auge dentro de la gama de productos y servicios más generales de los touroperadores y empresas turísticas y hoteleras, un sector que no pierde dinamismo y no para de innovar y generar ideas, a pesar de los terremotos constantes que sacuden la economía mundial.

La revista ha entrevistado a Albert Llorca, un experto en Sociología del Ocio y Psicología del Turismo de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien señala, como motivos del éxito de esta tendencia, por un lado, los grandes cambios sociales que se están produciendo en la actualidad, que invitan a incrementar las actividades de ocio y a disfrutar de experiencias vacacionales de mayor calidad, y por otro, a la excesiva permisividad de los padres con la conducta pública de sus hijos en el contexto de un “sistema de valores y tendencias educativas que no funcionan bien”. Esta carencia de pautas de los niños respecto a cómo actuar en lugares públicos, muy estudiada y reconocida por los expertos según Llorca, se ha ido instalando en los últimos 25 años, generando de forma paulatina el rechazo y las quejas de otros usuarios de los servicios, hasta el punto de que, cuando un niño se comporta educadamente, suele llamar la atención como si se tratara de un hecho extraordinario.

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